Fanny Sanín: el instinto y el método

Desde la abstracción geométrica, Fanny Sanín ha explorado las relaciones entre color y estructura, incluso en tiempos en que en América Latina se insistía en la búsqueda de la vibración retiniana y el movimiento.


Fanny Sanín (Bogotá, 1938) se formó artísticamente en su Colombia natal y tras algunas estancias en Inglaterra y México recaló definitivamente en Nueva York a principios de los setenta. 

Es una creadora comprometida con la pintura y los lenguajes abstractos, cuyo trabajo se ubica a continuación de pioneros de su país como Edgar Negret y Ricardo Ramírez Villamizar.

En el contexto regional se mantuvo independiente de la búsqueda de la vibración cromática y el movimiento que caracterizó a una parte importante de la modernidad latinoamericana.


Del informalismo a la geometría abstracta

Su trabajo comprende dos grandes etapas. En la primera, que abarca desde 1962 hasta 1968, se concentró en una pintura de corte informalista con algunas reminiscencias de la abstracción europea que influyó en Latinoamérica en aquellos años. 

Un segundo periodo comienza a gestarse a partir de 1969 y está consagrado a una geometría abstracta que destaca por la policromía de sobrias tonalidades, la persecución de una arraigada estabilidad formal y un compromiso con la no referencialidad que, sin embargo, no se resiente de una proyección sensitiva.


Una obra que surge del método y el instinto

De su etapa más próxima al arte informalista destacan obras como Oil nº 2 (1968). En el campo de la geometría hard-edge que practica desde los setenta hasta el presente se pueden mencionar el Acrílico nº 13, 1970 (1970) de la colección de Los Angeles County Museum o el Acrílico nº 3, 1980 (1980) de la colección Museo Nacional de Colombia. 


Una pintura trascendental

Fanny Sanín es una artista introspectiva cuyo principal aporte se pudiera resumir en una entrega sin complejos a la práctica de ciertos aspectos de la pintura que una modernidad más preocupada por la última innovación consideraría muy tradicionales. Frente a esa pulsión por el tiempo, su obra evidencia su origen a partir de una meditación que aúna método e intuición y que desde el plano del lienzo y a lo largo de una pausada variación de estilos, se ofrece a un espectador ansioso de experiencias más serenas y espirituales.


Lecturas recomendadas (enlaces patrocinados):

Fanny Sanín: The Concrete Language of Color and Structure (2019). Lucía & Marquand.

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