Miquel Navarro (Mislata, Valencia, 1945) es uno de los escultores más singulares en la escena contemporánea española. Su propuesta se distingue por una consideración del espacio en tanto lugar reconstruido y del cuerpo como referencia humana y ciudadana. La dimensión expresiva de sus esculturas e instalaciones ha sido entendida como “paisajes” que se alimentan de lo urbano y la arquitectura, y en particular de las simbologías del poder que llevan a asociadas. Su contribución a la renovación del lenguaje de la escultura lo hizo merecedor del Premio Nacional de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura en 1986. El dibujo como “fluir de la vida” Pero hay también una faceta más íntima en la trayectoria de Navarro que se articula especialmente a través del dibujo y de la inmediatez y vitalidad que provienen de sus acuarelas. Esta faceta del artista se desenvuelve en contenidos eróticos que parecen sugeridos por una pulsión entre el placer y el dolor, que no solo atañen a su creador
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