Carlos Cruz-Diez y el dibujo


Carlos Cruz-Diez. Sin título, 1961. Colección Mercantil

Esta semana la Fundación Mapfre ha fallado el premio Penagos que reconoce la trayectoria sobresaliente de un artista vivo, que además haya mantenido en algún momento una conexión con el campo del dibujo.

El hecho de que el premio lo hayan otorgado al maestro venezolano Carlos Cruz-Diez es propicio para indagar sobre tres cosas de las que poco o nada sabía: sobre Rafael de Penagos, sobre la carrera como dibujante de Cruz-Diez y sobre la eventual influencia del dibujo en su insigne obra óptica, la cual valoro como de una gran trascendencia entre los esfuerzos decididos por llevar a la pintura más allá de sus límites convencionales.

El dibujante y pintor español Rafael de Penagos (1889-1954) es un pionero de la ilustración art nouveau en su país. Estuvo en París y Londres y ya de vuelta en España emprendió una actividad como cartelista y publicista para varias empresas. Luego, imbuido de una impronta más art deco, emprende una labor como ilustrador en revistas tan importantes como Nuevo Mundo, La Esfera y Blanco y Negro. Como consecuencia de la guerra civil, Penagos estuvo en Chile y Argentina, y un año antes de su muerte regresó a su tierra natal. Rafael de Penagos contribuyó a consolidar una estética de la sociedad española en tiempos de su incipiente modernización y es célebre por crear la llamada "mujer Penagos": delgada, de porte elegante y con aire cosmopolita. La Fundación Mapfre, que acoge una colección de su trabajo compuesta por casi 250 obras, creó el premio con su nombre en 1982 y a partir de 2008 fue reformado según el perfil mencionado al comienzo de esta nota.

Por su parte, Carlos Cruz-Diez (Caracas, 1923) inició estudios de arte puro en 1940 y a los dos años decidió cambiar por los de docencia en artes manuales y aplicadas que concluyó en 1945. Ya desde esa época se manifiesta su interés por las viñetas humorísticas, las cuales aparecen en el diario La Esfera y en la revista infantil Tricolor. Luego, sus intereses profesionales se orientan por el diseño gráfico y la publicidad: se hace cargo de las publicaciones de la Creole Petroleum Corporation, se desempeña como docente en la Escuela de Artes Plásticas y Artes Aplicadas de Caracas y en la Universidad Central de Venezuela y como director creativo en la agencia McCann-Erickson Advertising de Venezuela, todo lo cual complementó con estudios en esta área en Nueva York. Sus ilustraciones también fueron publicadas en el diario El Nacional y las revistas Momento y Rojo y Negro.

Durante todo este período, la obra pictórica de Cruz-Diez se caracteriza por un marcado apego al realismo social, lo que en términos más generales y retrospectivos podría resumirse como una suerte de extravío entre sus objetivos como artista y los medios para llevar a cabo su labor, algunos de los cuales —como sus destrezas como diseñador— no asumía aún como susceptibles de incorporar en su búsqueda de una expresión de la que pudiera sentirse satisfecho. Son elocuentes sus palabras al respecto:
Todos mis trabajos anteriores a las fisicromías son de poca calidad y confusos; era un ir y volver sobre temas y preocupaciones cuyas soluciones no estaban justamente allí. La búsqueda incesante de una expresión coherente con el mundo en que vivía, el deseo de afirmación de hombre americano, me llevaron a soluciones de métodos y principios equivocados. Podría decir que fue ese el tiempo que me tomó descubrir mis propias limitaciones y comprender que el arte es revolución y como tal es creación, es invención.
Este comentario de Cruz-Diez prácticamente haría inviable en primera instancia una conexión entre su obra como dibujante y su pintura óptica de fama mundial. En efecto, las eventuales relaciones pudieran formar parte más del anecdotario y la biografía del artista que del desarrollo conceptual que posibilitó su conversión a la abstracción geométrica y a la creación de las fisicromías. No obstante, no puedo dejar de mencionar la sensibilidad que caracterizó el trabajo de Penagos y de Cruz-Diez como ilustradores, un pulso por lo colectivo que se materializó a través de los medios de comunicación y de la publicidad, y que derivó en la creación de una iconografía moderna en el caso del español y de una promesa de alcance social para su obra óptica por venir en lo que corresponde al maestro venezolano.

El despliegue cromático de las fisicromías, el color como energía que se expande y alcanza en la retina matices indescifrables, preserva —sin embargo— un componente importante de disegno, el de una estructura que le permite organizar las secuencias de transformación que tienen lugar en la visión del espectador. La evolución de su propuesta óptica conserva en la línea un fundamento de singular importancia. Una línea que abandona su condición gráfica y se hace materia física, se desprende del plano y se múltipla verticalmente por la superficie del cuadro para alcanzar ese grado de la pintura como acontecimiento de color en movimiento, lo cual constituye sin duda el legado principal de Carlos Cruz Diez a las artes plásticas.

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