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En Distopía, Juan Cuéllar se vale del dibujo para señalar el vacío de la modernidad


Podría decirse que la naturaleza del dibujo es exploratoria, se funda en la observación y se desarrolla en la reflexión. El dibujo puede ser útil para esbozar un registro rápido de lo circundante pero también para un análisis más sustantivo de los objetos a partir de la forma y el contorno. A diferencia de la pintura, que se explaya en la sensibilidad de la mancha, el dibujo parece concentrarse en la esencia (más racional) de la línea. Por ello, el dibujo se hallaría a un paso de la representación fidedigna, contrario a la pintura cuya poética es siempre un estímulo para la abstracción emotiva.

Estos pensamientos acerca del dibujo podrían ser útiles para abordar el más reciente proyecto del artista Juan Cuéllar (Valencia, 1967). Reunidas bajo el título de “Distopía”, las obras que se presentan ahora en el Centre Cultural La Nau se articulan en la línea y el trazo como técnica predominante. Tal influjo se manifiesta también en las pinturas que se suman a esta selección de trabajos realizados desde 2015. A partir de sus cualidades técnicas y expresivas, el autor se sirve del dibujo para construir una reflexión acerca de los desvaríos utópicos del proyecto moderno.


Un proyecto, en general, es en gran medida un dibujo, ya sea como esbozo o como idea más avanzada. En el caso del proyecto moderno, en especial el de la primera mitad del siglo XX, mucho de su imaginario colectivo está fundado en una propuesta de futuro que primero tuvo que ser dibujada para poder ser comunicada. De allí que no resulte extraño que Juan Cuéllar se valga de este medio para señalar, desde un contexto contemporáneo, las contradicciones de una modernidad que ya lejos de su cualidad de promesa se asume ahora como la imagen de un futuro que nunca ocurrió o que lo hizo de manera fallida.



El signo de esa ausencia parece proponerse en una circunferencia blanca que, suerte de leit motiv, el artista inserta en los ambientes de sus obras. El círculo en blanco actúa como un símbolo que trastoca el virtuosismo representacional del dibujo y al mismo tiempo alude a una sensación de vacío. El círculo, y a veces también una forma rectilínea, con su condición de geometría perfecta, concluyen la operación crítica de la obra de Cuéllar, que no sólo reproduce la imagen idealizada y estéril de una sociedad en sus variantes de familia, espacio público y naturaleza, sino que además la desestabiliza desde el vacío que siempre habría estado latente en el ideal moderno.


“Juan Cuéllar. Distopía. Sala Oberta del Centre Cultural La Nau. Del 5 de junio al 9 de septiembre de 2018. Comisariado: Vicente Pla. 

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