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Álter-ego: una exploración del retrato


La Colección Mercantil se ha planteado hacer un estudio del retrato que supera la convencional noción de género artístico propio de épocas remotas. Haciendo una especie de viaje por la línea de tiempo que cubre el siglo XIX hasta el presente, la exposición "Álter-ego: lecturas del retrato" ofrece al público una selección de poco más de cuarenta obras donde el retrato opera como un medio que permite reconocer la fisonomía de un individuo, pero también comunicar su condición psíquica, el valor social y su peso histórico. En función del objetivo de la muestra, el retrato también podría dar cuenta de la fisonomía política de la sociedad que le ha servido de marco.

Como un género que se impuso gracias a las estructuras del poder —eclesiástico en un principio, luego militar y burgués—, la exposición despliega un conjunto de obras que evidencian la voluntad del poder de expresarse a través del talento artístico. El visitante se encontrará con valiosos ejemplos concentrados en los héroes de la independencia de Venezuela, Simón Bolívar y José Antonio Páez. Uno de los textos del catálogo, a cargo de Roldán Esteva-Grillet, da cuenta de este perfil histórico del retrato y ayuda mucho a poner en perspectiva los elementos semánticos que persisten en su manifestación contemporánea.

Así como hay una visión historicista, también se cuenta con una consideración del género desde una profundización del retratado, ya no como un personaje que la pintura termina convirtiendo en símbolo, sino buscando trascender todo el aparataje atávico que envuelve a la efigie hasta llegar al ego que es su esencia primaria. Un interesante ensayo de Emilio J. Narciso nos aproxima a las maneras en que el yo se construye en su acepción psíquica, social y cultural, y al surgimiento de la imagen como soporte de una identidad donde los grupos pueden reconocerse.

La exposición está dividida en dos secciones. La primera, titulada Modelos y creencias, atiende al modo en que el retrato construye idealizaciones de origen divino, histórico o que se concentran en la naturaleza inasible del cuerpo representado. También, a la inversa, a la puesta en escena del tiempo libre como una forma de captar situaciones desprovistas —aparentemente— del entramado convencional del género que tiende a situar al retratado fuera de contexto

La segunda sección, identificada como Formas y conductas, se ubica en el sentido clásico del retrato como contenedor de fisonomías y connotador de una personalidad. Así, se explora la ya mencionada función de consolidar un atributo de poder, pero también — lo que puede resultar más inquietante— se indaga en las relaciones de lo que es “igual” y lo que es “otro” en un retrato, y que son producto de una negociación más allá del acuerdo entre el retratado y el artista.

La propuesta del equipo curatorial se extiende hacia otras vertientes de interpretación que en general contribuyen a resaltar la vigencia del interés por la imagen del rostro y del cuerpo. Este empeño nos lleva a los tiempos más remotos de la historia, y hoy lo podríamos extender al selfie, esa variante del género donde millones de individuos posan para el objetivo de sus teléfonos móviles en las infinitas réplicas de un ego que se dispersa a través de la redes sociales. En todo caso, en esta nueva revisión del retrato que emprende la Colección Mercantil se mantiene en evidencia esa complejidad que envuelve el enigmático momento en que un humano mira a otro humano y surge, tal vez para sorpresa de ambos, el álter ego hecho en otra dimensión, la del arte, casi siempre.

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