El arte comprometido de Isabel Oliver


Isabel Oliver (Valencia, 1946) inicia su carrera artística en la década del setenta, en la vertiente figurativa española que aunaba el pop art y la crítica social. Ese contacto con la realidad se vio marcado por una preocupación feminista que reveló en su pintura situaciones incómodas acerca del lugar de la mujer en la sociedad. Son ideas que se aprecian en su serie titulada precisamente “La mujer”, con que evidencia además el vacío que sus colegas de generación hicieron con frecuencia en torno a este tema.

Cosmética y La familia. De la serie La mujer, 1973. Foto del autor

El juego para entender el funcionamiento de la sociedad

El empeño crítico continúa en series como “El juego”, mediante la que plantea revisar los códigos del comportamiento ciudadano. Por esta vía, la artista atiende a las circunstancias políticas de la sociedad española de mediados de los setenta. Visto en un contexto más amplio, la serie permite seguir revisando las condiciones generales del juego como un mecanismo que incide en la vida en comunidad.

Reverso, 1973. Foto: uv.es

Un paisaje pop

El empleo del género del paisaje para hacer una crítica a la tradición autóctona de la pintura y a su instrumentalización como objeto de consumo se evidencia en los “Paisajes pop”. En este conjunto la figuración más convencional del paisaje se actualiza con ironía sobre la trama geométrica de una hoja de contabilidad. En otros ejemplos retoma la vertiente feminista cuando se vale del bordado para señalar, desde la polisemia del término, la domesticación a la que se ve sometida el género.

Vista del montaje de los Paisajes pop, 1973-1975. Foto del autor

Una conciencia ecológica del paisaje

De algún modo, esa crítica del paisaje perfiló sus inquietudes sociales en un plano más ecológico, que hizo surgir en su obra una consciencia acerca de la caducidad de los recursos del planeta. Tal apertura, en cierto sentido cósmica, posibilitó la presencia del tiempo como una idea que será esencial en la configuración de su trabajo.

Memoria de un lugar, 2009. Foto: uv.es

Presencia del tiempo

En sus última series, la noción del tiempo se expresa desde un atavío arqueológico, a veces en clave de un humor inquietante. Allí caben, ya no solo el destino del planeta sino además el de la propia artista y su pintura que terminan convertidos en suerte de vestigios de un futuro incierto. En esta etapa, la fuerza del concepto es tal que Oliver se permite explorarlo desde las tres dimensiones del objeto encontrado hasta la impresión digital más reciente.

"Isabel Oliver. Cuarenta años de arte comprometido (1979-2009)". Centre Cultural La Nau. Sala Martínez Guerricabeitia. Del 9 de julio al 3 de noviembre de 2019. Comisariado: Pascual Patuel Chust. Más información en: uv.es

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