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El color se expande en el universo de Cruz-Diez

Una de las figuras más destacadas del op art y el cinetismo, el artista franco venezolano Carlos Cruz-Diez nació en Caracas el 17 de agosto de 1923. Su obra ha participado en importantes exposiciones en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, la Tate Gallery, o el Museo Reina Sofía. Varias ciudades han sido sede de sus impactantes instalaciones, entre ellas París, Los Ángeles y Madrid.


Carlos Cruz-Diez egresó de la Escuela de Artes Plásticas y Artes Aplicadas de Caracas en 1940. Sus inicios profesionales tienen lugar en el mundo editorial y publicitario como ilustrador y diseñador gráfico. Trabajó para las revistas El Farol, La Esfera, Élite, así como el diario El Nacional y otras publicaciones periódicas. En lo que respecta a la publicidad llegó a ocupar el cargo de director creativo de McCann Erickson y en Nueva York tuvo la oportunidad de realizar cursos de formación en este campo. 

En 1955, luego de una búsqueda un tanto incierta de su perfil como artista, se instaló durante un tiempo en El Masnou, Cataluña. Desde allí pudo viajar a París donde visitó la exposición “Le mouvement”, organizada por la galería Denise René, que influyó marcadamente en el rumbo de su trabajo como artista. A partir de este momento su obra se decantó por un planteamiento abstracto, muy cercano a la ciencia, que le sirvió para investigar el fenómeno del color más allá de la circunstancia de un tema o referente conocido. 

Al finalizar la década de los cincuenta presentó en Venezuela una serie de obras conocidas como fisicromías que son el primer resultado exitoso de sus experimentos artísticos acerca de la física del color.

Uno de los principales aportes del trabajo creador de Carlos Cruz-Diez se encuentra en el sustento científico que le permitió prescindir del protagonismo de la obra de arte como objeto y centrarse más en el color como un fenómeno en expansión. El pensamiento científico actuó como inductor de experiencias ópticas y cinéticas que si bien se originaron en los límites bidimensionales de la pintura, fue gracias a la reflexión artística de su autor que se abrieron con éxito a la arquitectura y el espacio público. 

Cruz-Diez murió en París el 27 de julio de 2019, dejando tras de sí no solo un legado artístico de valor universal sino además un ejemplo sobre cómo el humanismo y la ciencia pueden ser los pilares para el avance de la sociedad y la integración del individuo con el entorno urbano a través de la circunstancia de la luz y el color.

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