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Marisol Escobar, el pop más humano

Marisol Escobar fue una escultora estadounidense de origen venezolano, quien hizo de la madera su principal material de trabajo. Su obra se desarrolló principalmente en Nueva York, en particular desde los años sesenta, por lo que su estilo frecuentemente es asociado con el pop art. Sin embargo, en su trabajo sobresalen aspectos ligados a la representación del cuerpo que a veces posee rasgos autobiográficos y otras una elocuente dimensión subjetiva de los personajes que representó.


Marisol, 1969. Foto: Jack Mitchell

Ciertamente se pueden identificar influencias de Jasper Johns y Robert Rauschenberg, en especial en la incorporación de partes del cuerpo humano hechos en plástico o resina, así como otros objetos encontrados, como elementos que la artista usa en algunos ensamblajes.

Marisol. La Virgen, el Niño, santa Ana y san Juan, 1978. Galería de Arte Nacional, Caracas

Sin embargo, Marisol (París, 1930-Nueva York, 2016) no podría ser catalogada como un referente clásico del pop art, en parte por otras influencias que su figurativismo deja entrever. Así, algunos críticos han encontrado ciertas referencias al surrealismo, el arte popular estadounidense, el nuevo realismo, esculturas precolombinas e incluso al arte popular venezolano. Lo cierto es que todas esas posibles influencias derivan en el carácter y magnetismo tan fuerte de su trabajo.

Marisol. Women and Dog, 1964. Whitney Museum of American Art, Nueva York

La referencia al pop art es singular porque las esculturas de Marisol no aluden al objeto de consumo masivo, a la mercancía, sino que su preocupación tiende más a lo humano, en el sentido de la objetivación que envuelve al hombre en sociedad hoy en día. De allí que la relación con las referencias humanas que se insertan en su obra sean significantes y no desprovistas de toques de humor e ironía.

El cuerpo humano suele aparecer como cajas de madera, los vestidos y demás accesorios son elementos de ese ensamblaje extra artístico que nos da condición social. La verdadera esencia sensible de lo humano se limita muchas veces al rostro, donde el modelado de la arcilla, el yeso o la transitoriedad de la fotografía, se convierten en metáfora de lo mutable, de un devenir donde participan políticos, magnates, figuras históricas y ella misma, todos reducidos a una condición de máscara.

También te puede interesar:
Marina Pacini, Dore Ashton et al. Marisol. Yale University Press. 2014. 192 páginas.

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