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Niños haciendo preguntas: la historia de un controvertido mural de Karel Appel

  

Karel Appel. Vragende Kinderen, 1949. Foto: rudedo.be

En 1949, Karel Appel recibió un encargo para pintar un mural en la cafetería del Ayuntamiento de Ámsterdam. Con 28 años, el artista neerlandés cuestionaba el esquema racional que había predominado en el arte previo a la Segunda Guerra Mundial, y en especial la pintura excesivamente intelectual que encontraba en los trabajos de Piet Mondrian.

Según Appel (Ámsterdam, 1921-Zúrich, 2006), aquel era un momento en que había que partir de cero y empezar de nuevo. Su visión de la pintura se inspiraba en un tiempo anterior al desastre de la guerra. Un tiempo primario en la evolución del ser humano, donde antes que la razón se imponía la inocencia, el instinto y la libertad creadora. Appel estaba en realidad pensando en términos de un mundo infantil. Y así, con la imaginación y sensibilidad de un niño, concibió su propuesta para el ayuntamiento.

Karel Appel. Vragende Kinderen, 1949. Foto: sixtensason

Pese a sus buenas intenciones, el resultado irritó a los funcionarios que acudían a aquella cafetería. El tema del mural, la manera de tratarlo y el título que dio a la obra, Vragende Kinderen, les pareció inaceptables. Ciertamente, el mural parecía hecho por niños que jugaban a dibujar figuras, y entre la vivacidad de los colores y la espontaneidad de las líneas, las figuras estilizadas eran también niños a los que se podía ver con sus manos extendidas. El título era otra travesura del artista, pues la ambigüedad del idioma, junto con la actitud de los personajes, no dejaba muy en claro si los niños hacían preguntas o estaban pidiendo.

Karel Appel. Questioning Children, 1949. Tate

Niños haciendo preguntas, como se conoce actualmente, o niños pidiendo, era algo demasiado moderno para los funcionarios de aquel ayuntamiento. Allí donde Appel veía apertura creativa y una manera imprevisible de hacer arte, los servidores públicos encontraron violencia y hambre, algo que ya habían vivido durante la guerra y que no querían recordar, sobre todo a la hora de la comida. Como consecuencia de aquella controversia, el mural fue cubierto y su autor furioso se mudó a Francia, desde donde siguió haciendo otras versiones de aquella obra.

Tuvieron que pasar varios años para que el viejo edificio del ayuntamiento holandés terminara convertido en un lujoso hotel, donde el mural de Appel ahora desvelado, acompaña, no sin cierta inquietud, las comidas de los huéspedes y clientes que acuden a su restaurante.

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