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Theodore Roszak imaginó con la contracultura una alternativa de cambio social



Con El nacimiento de una contracultura, publicado en 1969, Theodore Roszak se propuso estudiar lo que identificó entonces como “los elementos sueltos de la tormentosa escena contemporánea”. Por medio del término “contracultura”, Roszak buscaba integrar tales elementos en una categoría histórica semejante al Renacimiento o el movimiento romántico.

La característica principal de aquellas etiquetas era que organizaban de manera coherente una cantidad muy amplia y diversa de hechos y pensamientos, y además habían surgido con una relativa posteridad a los hechos estudiados. El controvertido objetivo de Roszak (Chicago, 1933-Berkeley, 2011) era hacer lo mismo pero con acontecimientos que estaban ocurriendo en el tiempo presente de su investigación, saltándose la prudente “distancia histórica” que el sentido común de cualquier intelectual recomendaría.

El espíritu de los tiempos

Para salvar este escollo, el académico estadounidense tomó en cuenta el “espíritu del tiempo” o zeitgeist, un concepto de difícil aprehensión extraído del campo literario para referirse al clima cultural de una época. Con esta idea, Roszak se fijó en los adolescentes y estudiantes estadounidenses que en aquel entonces estaban mostrando un marcado interés en cuestiones como “la psicología de la alienación, el misticismo oriental, las drogas psicodélicas y las experiencias comunitarias”.

El impacto social de este comportamiento ya formaba parte de la agenda de los medios de comunicación. Sin embargo, lo trascendente desde el punto de vista histórico era el distanciamiento radical que esta generación emergente proponía con respecto a los arraigados fundamentos morales y culturales de la sociedad occidental.

El estudio de Roszak atendía a una parte de lo social

Roszak hablaba de este grupo emergente como una “constelación” y reconocía su presencia en un entramado donde se hallaban otros jóvenes con intereses y filiaciones diversas. Entre estos se encontraban los extremos más conservadores y liberales de la acción política, los marxistas anhelantes de la revolución proletaria y los militantes jóvenes negros.

Por este motivo, Roszak era consciente de evitar mezclar lo específico de su estudio con el campo más general de la juventud de entonces. Del mismo modo sabía que el estado de esta cultura juvenil se encontraba aún lejos de convertirse en norma o factor de cohesión social.

La contracultura como opción de cambio social

Si bien la presencia de estos colectivos dejaba en evidencia el limitado ámbito de la investigación, no ponía en duda la pertinencia de concentrarse en este particular segmento social que llamaba la atención de Roszak.

Con su actitud disidente, espíritu de renovación y descontento radical, este grupo se estaba posicionando como una opción de cambio para una sociedad que en ese momento ya lucía extraviada.

Portada del libro El nacimiento de la contracultura, de Theodore Roszak. Editorial Kairós

El punto central de la investigación de Roszak era que tras el extravagante modo de vestir, las referencias a la psicología profunda, la nostalgia por las ideologías de izquierda, las religiones orientales, la romántica visión pesimista del mundo, el anarquismo, el dadaismo y la valoración de la sabiduría indígena americana, la contracultura asomaba como una posibilidad cierta de transformar el mundo en algo que pudiera ser considerado nuevamente un hogar.

El sutil despotismo tecnocrático

Si para Roszak la civilización se hallaba desorientada y el mundo había perdido esa condición de hogar, era debido a la presencia cada vez más dominante de lo que llamaba un totalitarismo tecnocrático

Anzo. Aislamiento 14, 1968. Óleo sobre lienzo, 100 x 100 cm

De acuerdo con este enfoque, el futuro que esperaba a la humanidad estaba definido por un sutil despotismo basado en “técnicas de manipulación de la intimidad tan finas y discretas como una telaraña”.

La base de este planteamiento era la desnaturalización de la imaginación y su potencial creador que terminaba convirtiendo en “locura” cualquier distanciamiento del reino de “la Razón, la Realidad, el Progreso y el Conocimiento”.

La contracultura a la búsqueda de un sentido 

La amenaza de la tecnocracia se hallaba no sólo en que representaba una estructura de poder visible en el ámbito de la política o la corporación, sino que se expandía como el sostén espiritual de una sociedad masificada.

Aunque en el momento de su publicación, el autor de El nacimiento de una contracultura reconocía que su libro podía resultar para muchos simple charlatanería, el devenir de la historia ha demostrado lo acertado que estaba acerca del inquietante poder hegemónico que ostenta hoy en día la tecnología.

La contracultura fue entonces —y aún lo es entre los herederos que siguen prolongando su influjo— una manera de dar sentido, aunque provisional, al mundo en que vivimos. Una manera de seguir insuflando vida a todo lo que ha hecho de la existencia humana, en palabras de Roszak, una aventura interesante.

Theodore Roszak. El nacimiento de una contracultura. Editorial Kairós. 1981. Traducción Ángel Abad. 320 páginas.

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