El retrato de madame Cézanne

Paul Cézanne. Portrait of Madame Cézanne in a Striped Robe, hacia 1884. Óleo sobre tela. 56,5  x 47 cm. Yokohama Museum of Art

En 1959, la Sala Mendoza de Caracas presentó una exposición con las obras traídas al país por las World House Galleries de Nueva York. Entre las piezas exhibidas destaca un retrato hecho por Paul Cezanne de su esposa Hortense, fechado hacia 1884. Muy pronto surge el interés en adquirir esa obra para el disfrute de los venezolanos, para lo cual son necesarios doscientos mil dólares (alrededor de seiscientos setenta mil bolívares según el cambio de entonces).

La institución llamada a gestionar esa adquisición es el Museo de Bellas Artes, el cual no dispone de tal cantidad. Ante esa situación, el recién nombrado director del museo, Miguel Arroyo, y su coordinador, Alejandro Otero, inician las gestiones para realizar una subasta con obras donadas por los artistas locales que permita recaudar los fondos necesarios.

Un ambiente de unión entre artistas, coleccionistas y otras instituciones se manifiesta en el entusiasmo con que generosamente se desprenden de sus obras para que el Retrato de madame Cézanne en un sillón rojo, como se tituló entonces la obra, se quede en Venezuela.

En la noche del 29 de octubre de 1959 comienza la subasta en el Museo de Bellas Artes donde ha sido instalado el apreciado retrato en un lugar de honor presidiendo la puja. Es tal la cantidad de obras donadas que se hace necesaria una segunda sesión, tras la cual y sumando otros aportes particulares, se alcanza una cantidad que apenas supera los cien mil bolívares, cifra por demás lejana a la exigida por los propietarios, quienes conscientes de la gesta emprendida por los artistas y amantes del arte locales, conceden un precio final de 175 mil dólares. Agotada la opción de la subasta, se organizan conciertos musicales, ciclos de cine y presentaciones teatrales para intentar reunir el dinero.

Ante el revuelo suscitado por la obra, se inició en la prensa local una campaña llamada a desprestigiar la compra de la pintura de Cezanne, alegando que el Estado debía concentrarse en atender otros problemas sociales de mayor urgencia. En medio de ese ambiente, los aportes económicos que harían definitiva la compra de la obra, lamentablemente, nunca se materializaron. Sobre esta empresa frustrada escribió el periodista José Ratto-Ciarlo:

“Cayendo en el amarillismo periodístico los 'adversarios de madame Cézanne' impidieron con su campaña que un grupo de mecenas, en lugar de comprarse otro Cadillac, se desprendiese de una mínima parte de sus riquezas para comprar un cuadro que iría a formar parte del patrimonio artístico de todos los venezolanos. Aquellos que como fariseos se rasgaron las hipotéticas vestiduras, porque se invertiría medio millón de bolívares en una estupenda obra de arte, callan […] cuando años tras años se despilfarran los millones […] en chucherías inútiles, en absurdos pinos traídos del Canadá, en papel plateado procedente de Noruega, en nieve importada de Bélgica, en whisky fabricado en Escocia". (Ratto-Ciarlo, J. "La derrota de Madame Cézanne". El Nacional, 17 de diciembre de 1959)”.

Más allá de la frustración por la obra no adquirida o por el esfuerzo en vano, este breve capítulo en la historia del arte en Venezuela deja en claro el poderoso magnetismo del maestro francés, cuya influencia abrazó por igual a los bandos de la pintura figurativa y a los que profesaban la abstracción más radical en aquellos años de férreas tomas de postura. Superadas momentáneamente las diferencias, la lucha por el cuadro de Cézanne quedará como una muestra del enorme poder cultural del arte en el empeño de las sociedades por lograr un futuro si no mejor, por lo menos de esperanza.

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