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Jesús Rafael Soto. El cuerpo del espacio

Jesús Rafael Soto, hacia 1970. Foto: Lothar Wolleh

Jesús Rafael Soto (Ciudad Bolívar, Venezuela, 1923-París, 2005) llegó a Francia en 1950. Al año siguiente participa en el Salon des Réalités Nouvelles donde conocerá a artistas como Jean Tinguely, Yaacov Agam o Pol Bury. En 1955, Soto y su nuevo grupo de amigos serán convocados por la galerista Denise René para participar en la histórica exposición “Le mouvement”, considerada punto de inicio del arte cinético.

En aquellos años ya se perfila en el artista venezolano el profundo interés por las nociones de tiempo y movimiento como conceptos esenciales de la sociedad contemporánea que él convertirá en una idea predominante en su obra. Tal como le dijo a Daniel Abadie, en una entrevista para el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas en 1983: su objetivo era eliminar ese “concepto de obra que fija un momento del Universo para demostrar al contrario que éste es algo en movimiento”.

Desplazamiento de un elemento luminoso, 1954
Foto: Museum of Modern Art, Nueva York

La obra como testimonio de un fenómeno

Las obras de Jesús Rafael Soto ciertamente se mueven, ya sea por la vibración retiniana, el desplazamiento del espectador o porque algunos elementos suspendidos en ella se activan por una mínima corriente de aire. Pero lo que realmente le interesaba a este artista era hacer de su trabajo el registro de un fenómeno que ocurre en el espacio y el tiempo, no como concepto sino en un sentido plenamente perceptual.

En sus realizaciones, las formas y colores tienden a perder su definición frente a nuestra mirada, con lo cual se muestran en constante cambio. De este modo, su obra pasa de ser un objeto material y se convierte en otra entidad con un carácter vibratorio, inmaterial y aéreo.

Composición, 1957. Galería de Arte Nacional, Caracas

Un recorrido por su obra

La vasta producción de Soto abarca varias obras de gran trascendencia en la historia del arte moderno de la segunda mitad del siglo XX. En ella se incluyen sus primeras investigaciones acerca del movimiento y la luz, como en Desplazamiento de un elemento luminoso (1954, Museum of Modern Art, Nueva York), la Composición cinética (1957, Galería de Arte Nacional, Caracas) y la Vibración (1960, Colección Patricia Phelps de Cisneros).

Son muy conocidas también sus series EscriturasProgresiones Ambivalencias. Pero sin duda, una de sus creaciones más famosas alrededor del mundo es el Penetrable (1967), donde se conjugan todos los planteamientos de tiempo, espacio e inmaterialidad en una sola obra.

El cuerpo del espacio

El principal aporte de Soto fue su investigación para integrar el tiempo en la obra de arte, acceder a la cuarta dimensión a través de la evidencia del movimiento. Esta presencia terminó de confirmar que la representación artística ya no podía limitarse a la construcción de imágenes en un plano, como era el caso de la pintura tradicional, sino que debía alcanzar situaciones que evidenciaran la condición movible de la realidad.

Jesús Soto en uno de sus Penetrables, 1975
Foto: Museum of Fine Arts, Houston

Esta búsqueda lo condujo a la escultura y de allí a la utilización material del espacio, tal como se revela en el Penetrable. Al explicar esa revelación, Soto señaló que el Penetrable “es una especie de concretización de esta plenitud en la cual yo hago moverse a la gente y le hago sentir el ‘cuerpo’ del espacio”.

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