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Caracas: crónica de una ciudad posible

Federico Vegas y Ray. Sueño posible, sueño horizontal

Recientemente, algunos estudios sobre la globalización han reanimado la antigua idea de que el mundo es plano. De acuerdo con esta tesis, los avances de la tecnología y especialmente del internet contribuyen a eliminar las barreras históricas y geográficas entre los actores económicos, propiciando una distribución más equitativa de las oportunidades. Tal horizontalidad presupone una sociedad abierta y transparente cuyo origen simbólico estaría en la caída del muro de Berlín y su mejor ejemplo en el auge de las redes sociales. La diseminación de "conversaciones" y no solo la transmisión de información y datos, ha dado lugar a que las personas compartan experiencias en un espacio común y en igualdad de condiciones. En el campo de la producción artística, la imagen de un mundo plano tendría una de sus expresiones más logradas en el trabajo colaborativo, realizado mediante el aporte de dos o más creadores, con resultados no tanto en forma de "obras de arte" hechas por individuos autónomos, sino de "textos" en el sentido de constructos sociales.

El arte contemporáneo interpreta la realidad más allá de los límites de una tradición o de un medio en particular. Con ello se coloca en el terreno movedizo, pero actual, de lo interdisciplinario. Cuando se trata de reflexionar acerca del tejido social y de la organización de las ciudades, esta perspectiva de relación y de libre circulación de ideas resulta aún más pertinente. Una experiencia que se puede estudiar a la luz de este análisis la ha promovido el artista venezolano Ricardo Benaim a través del proyecto editorial Caracas Horizontal. Surgido de la iniciativa de Benaim y de la diseñadora María Maiolino en 2013, el proyecto se propone re-unir el ámbito intelectual, creador y cultural del país en torno a una idea acerca de la ciudad. Para ello partieron de un dispositivo común: un libro cuadrado de doce centímetros cuando está cerrado, que al abrirlo se despliega como un acordeón hasta alcanzar poco más de un metro de largo. En ese espacio, las duplas conformadas por un artista visual y un escritor aceptaron la invitación para elaborar con total libertad, en imagen y palabra, su visión de Caracas.

En este tiempo han logrado congregar a más de 400 creadores, entre artistas visuales, poetas, diseñadores, periodistas, músicos y un largo y valioso etcétera, sin distingo de las limitaciones políticas de la actualidad venezolana. Han recibido 400 maquetas, algunas de ellas reunidas para la exposición que se presenta este mes en el Centro Cultural Chacao, en Caracas. El hecho de utilizar el libro como soporte deja ver el alcance comunicacional que busca vencer también los muros de una sala de exhibición. Así, las propuestas se expanden de mano en mano y de lector en lector en el sentido horizontal que inspira al proyecto. En el plano conceptual, el objetivo es superar las barreras ideológicas que paralizan la reflexión sobre Caracas y concentrarse en abrir espacios de cultura que hagan posible pensar su sustentabilidad y reducir el peligro de caer en el colapso absoluto.

Las viñetas que integran esta muestra del proyecto Caracas Horizontal son un registro de algunos estereotipos urbanos, a la vez que impulsoras de apreciaciones que surgen a causa de la más reciente cotidianidad caraqueña. Una de las primeras constantes asume a la ciudad como si se tratara de un espectáculo plástico y visual que a ciertas horas y con la sensibilidad adecuada, se produce ante nuestros ojos y se impone a pesarlas contradicciones sociales y políticas del entorno. En este grupo, Caracas se plantea como un objeto para la contemplación, ya no solo de sus efectos cromáticos sino también de la trama geométrica propia de las construcciones urbanas.

María Elena Ramos y Hayfer Brea. El Ávila: un horizonte, un norte, una metáfora

La montaña, en su sentido ecológico y vital, es un hito que orienta el desplazamiento de sus habitantes, ya sea como simple andar o como ejercicio físico. Con ese significado, el Ávila es también una frontera que contiene el paso entre la ciudad y el mar. La acepción botánica de la montaña y el origen etimológico de la palabra Caracas, aparecen como una excusa para una exploración poética que puede unir la cualidad orgánica de un arbusto con la búsqueda de un destino existencia individual o colectivo. Es posible que esta dimensión sensible se asome como un resguardo íntimo ante la vorágine urbana y en ese camino favorezca la indagación en el espíritu.

Ana Teresa Torres y Stefano Di Cristofaro. Caracas, la ciudad proyecto

La nostalgia es otro nexo intangible que une a los caraqueños. Puede ser interna, de quien la lleva sin dejar la ciudad, aunque también surge en remembranza en aquellos que debieron elegir la migración y el cruce de fronteras. Aquí se incluye la evocación de la utopía que marcó parte de nuestra historia moderna y los sueños de una metrópolis inspirada por el progreso y los ideales de una gran nación. Sobresale además ese pasado no como un asunto ajeno, sino como una realidad que fue cotidiana, una utopia habitable y por lo tanto rescatable. En otro sentido, la reflexión sobre la ciudad y su promesa se plasma en un horizonte que por inalcanzable pueden llegar a ser motor de vida.

Cheo Carvajal y Dalia Ferreira. Horizonte cautivo

Caracas se expresa ahora como un ideal mancillado por la crueldad y el sinsentido, de donde derivan sus sobresaltos entre la amabilidad y el resentimiento. De aquí surge una suerte de neurosis social entre el carácter del caraqueño, "alegre y cordial", y la incertidumbre que lo obliga al retiro y a la duda. La inseguridad ciudadana atenta contra la libertad individual, que se expresa en la falta de movilidad y en la reja como símbolos de cárceles que dibujan la vivienda urbana. La violencia es entendida no solo como la realidad fáctica de los diarios y la estadística, sino como una presencia cercana que nos mantiene en tacita actitud de simulacro ante "lo que pueda pasar".

Gisela Kosak Rovero y Guillermo Barrios. Anuncios inminentes

La ciudad se propone como un contenido que hay que re-conocer antes de pensar en el contenedor que se pretende construir. Se trata de pasar de la imagen ideal de la ciudad edificada sobre una mirada quizás evasiva, a otra "real" que incluiría su presente más incierto. Una conclusión podría ser la de una urbe donde sus habitantes cobran protagonismo a modo de fragmentos vitales, capaces de alcanzar una proyección colectiva en un entorno con menos barreras y verdaderamente más horizontal. Desde allí comenzaríamos entonces la crónica de esa ciudad posible.

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