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Ary Brizzi


Fotón 20, 1978

¿Qué hace a un artista decidir en determinado momento seguir el camino de la abstracción; y por qué, además, el de la geometría? Las respuestas a esta pregunta pueden ser variadas, pero lo cierto es que el universo de la expresión es tan amplio y seductor que puede ser eso precisamente lo que lo mueva a prescindir de las referencias materiales que le rodean y concentrarse de manera independiente en el estudio de un “suceso” plástico como sería la forma, el color o la luz.

Ary Brizzi (Avellaneda, Argentina, 1930-Buenos Aires, 2014) fue un pintor, escultor y diseñador que durante muchos años desarrolló una investigación plástica acerca de la luz. Como se basó particularmente en la pintura, asumió varias condiciones técnicas como son el apego al plano, el uso de la tela como soporte, el acrílico como material y el soplete para aplicarlo. Con estos implementos, el artista profundizó en estructuras elaboradas con formas geométricas —franjas, por lo general— que se suceden unas a otras para crear una progresión cromática que va de los tonos más saturados a los más tenues. Con ese patrón diseñó luego unidades más complejas que se distribuyen por la superficie del cuadro y que son las que activan el sentido estético de estas obras. Una de las consecuencias es que con las gradaciones de color el autor logró generar sensaciones de luz y oscuridad, con lo cual se producen connotaciones de destellos, volumen y espacio, que en conjunto desafían los aspectos técnicos antes mencionados como propios de la pintura.

Krypton 3, 1978. Colección Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires

Interesante también es que Brizzi, por concentrarse en la pintura, utiliza colores pigmentos para referirse a cualidades que son propias de los colores luz. Así, los blancos que apreciamos en la obra como destellos lumínicos, es decir lo que sería la totalidad del color luz, proceden en realidad de una ausencia de colores pigmentos. Esa ambigüedad tiende a cautivar al espectador, pero aún más la estrategia para emprender su análisis particular de la luz, para descomponerla como si contara con un prisma capaz de proyectar su haz en el lienzo. Para materializar esta idea en el cuadro el autor apela a variadas y razonadas gamas cromáticas que distribuye en lo que podríamos llamar “unidades discretas” de color que van marcando el paso de la oscuridad al destello. De esta manera, la obra teje su estrategia para que la mirada, concentrándose en ese doble recorrido, llame la atención sobre aspectos de la visión en los que casi nunca reparamos como sería la valoración estética de la luz.

Expansión n˚ 5, 1972

Otra consecuencia es que el juego de tonalidades deriva en planteamientos espaciales que desafían los límites reales del soporte de la obra y que aportan una cualidad temporal en el sentido de que la luz analizada pareciera llevar al espectador a recorrer (a “leer”, tal vez) las formas resultantes por el nuevo espacio virtual de la obra. Estos aspectos ubican a Brizzi —según algunos estudiosos— dentro del campo del Op Art. Es cierto que el artista crea patrones por medio de las secuencias de franjas, sin embargo no parece ser la intención que el espectador se embelese con efectos ópticos a través del canon de los contrastes cromáticos o del enfrentamiento de bandas blancas y negras. Las sucesiones cromáticas, amén de crear una ilusión tridimensional, buscan principalmente —según entendemos— sensibilizar la presencia de la luz haciéndola visible a través del color.

Con todo esto la obra de Ary Brizzi se inscribe dentro de un proceder racional de la pintura que tiende a organizar las emociones asociadas a las estructuras cromáticas. Al no usar el pincel y suprimir así su presencia como ejecutante, la obra parece surgida de una entidad supraindividual que contribuye a la idea de la expansión social del arte. El acabado homogéneo y liso favorece además el estudio de la luz y su consideración como energía, desde lo cual se vincula el arte y la ciencia, fomentando el universalismo que suele caracterizar este tipo de abstracción.

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