Detrás del muro hay sol: arte contemporáneo en el Museo de Bellas Artes de Valencia


Una pintura de Manuel Hernández Mompó, cuyo título da nombre a la muestra Detrás del muro hay sol, captura nuestra atención antes de entrar a la sala. La obra se ubica en un panel central que siguiendo la idea de un muro divide el espacio expositivo en dos: en primer lugar, una suerte de vestíbulo donde el visitante se encuentra con obras que introducen la revisión formal y de contenidos que se produce en España hacia el final de los cincuenta del siglo XX y que dominará las décadas siguientes.

Luego, al traspasar el mencionado muro, un ambiente más amplio donde es posible contemplar un panorama de cuatro corrientes discursivas que prevalecieron hasta finales de los setenta y que además de su valor artístico también destacan por el hecho de haber sido realizadas durante la dictadura franquista.

A través de estas cuatro corrientes los artistas aquí representados no habrían asumido desde sus obras el enfrentamiento manifiestamente político contra el franquismo (algo sin duda inviable en ese momento), y se orientaron más bien por un compromiso de aprehensión de la realidad observada a través de los lenguajes acordes con sus respectivos puntos de vistas y en concordancia con lo contemporáneo. Es posible entender esa referencia lumínica a la que alude el título de la exposición como una feliz concordancia de lenguajes (algunos aparentemente contrapuestos) que tienen en común el esfuerzo por revelar los aspectos más esencialmente humanos de la realidad que parecían relegados tras un muro de múltiples connotaciones.

Esa realidad podía ser descrita a través de una visión serial del ser humano que acarreaba la pérdida de su individualidad y del contexto, así como la anonimia propia de la vida moderna.  Ese mismo desarraigo se expresa a través de una nueva estética urbana y mecánica que muestra un escenario de luces, brillos y contrastes cromáticos que así como anula la presencia humana sirve también para situar en el terreno de la ironía a figuras célebres de la iconografía hispana.

Las otras dos secciones confrontan la energía cromática de la abstracción geométrica y constructiva, junto con el aspecto térreo del informalismo. En ambos casos se mantiene la referencia humana: la vertiente geométrica reclama la participación del espectador para que la obra se active. La segunda se convierte en el testimonio de un proceso, de una acción igualmente humana que queda registrada en la obra.

Otro aspecto que llama la atención de la exposición es la coherencia que caracteriza la selección de las obras que conforman la sección contemporánea del Museo de Bellas Artes de Valencia. Destaca en particular el hecho de que varias de estas piezas fueran adquiridas al fragor del momento político que vivía el país. Pero en especial vale mencionar la labor iniciada en 1967 para abrir un espacio en la ciudad que permitiera conocer las expresiones más actuales de los artistas españoles.

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