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Alejandro Otero

Alejandro Otero, 1947. París. Autor: Rogi André

Alejandro Otero fue un pintor y escultor venezolano. Nació en El Manteco, estado Bolívar, el 7 de marzo de 1921. En 1939 inició sus estudios en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas. En opinión del crítico Juan Calzadilla, Otero "fue el pintor de su generación más capacitado para comprender y sentir a Cézanne, cuya obra lo sedujo al tiempo que, mientras estudiaba […], ponía el método analítico del pintor francés, partiendo del objeto tradicional de la naturaleza, la figura, el paisaje".

En 1945 obtiene una beca para cursar estudios en París, hecho que representó su primer viaje al exterior. En 1946 inició la serie de trabajos conocidos como Cafeteras. La influencia de Picasso y las tendencias gestualistas son evidentes en estas obras que, gradualmente, se despojaron de toda representación hasta transformarse en líneas y estructuras de enorme fuerza expresiva.

En 1948, Otero es incluido en la muestra Les mains éblouies de la célebre Galería Maeght en París. A mediados de enero de 1949 regresó a Caracas. Las obras producidas en Francia se expusieron en el Museo de Bellas Artes, provocando polémicas. En una reseña de la época, Guillermo Meneses comentaba: "la pintura de Otero ha de asombrar, necesariamente. Es distinta a todo lo que habíamos visto en nuestro país. Y, además, ofrece una sensación de quien está seguro de sí mismo […]. Podríamos decir que las líneas, las formas, los objetos han sido profundizados, llevados hasta la honda atmósfera enmarcada que no existe jamás en la realidad: el propio espíritu, la propia pasión, el fino cerebro del artista".

Regresó a París en 1950 y, junto a Pascual Navarro, Mateo Manaure, Carlos González Bogen, Perán Erminy, Rubén Núñez, Narciso Debourg, Dora Hersen, Aimée Battistini y J.R. Guillent Pérez editaron, en marzo de 1950, la revista Los Disidentes, alrededor de la cual se articuló un grupo del mismo nombre. Desde esta publicación propugnaron las tendencias de la abstracción y la puesta al día de los artistas venezolanos en París; atacaron los lineamientos académicos de los viejos maestros y las ideas reaccionarias que guiaban las artes plásticas, los salones y los museos en Venezuela.

En 1951 participa en el VI Salon des Réalités Nouvelles (París), viaja a Holanda y bajo los preceptos de Mondrian inicia sus Collages ortogonales, barras horizontales y verticales que se entrecruzan sobre un fondo de color en una relación cromática serial. La primera obra de este período se presentó en el Espace-Lumière de la Galería Suzanne Michel (París, 1952).

Ese año regresa a Venezuela y participa en la experiencia colectiva de integración de las artes organizada por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva en la Ciudad Universitaria de Caracas, proyecto que para Marta Traba constituyó "el primer gran conjunto de arquitectura y arte que se erige en América Latina". Sus indagaciones en la abstracción encontraron en el hecho arquitectónico una significativa posibilidad de desarrollo que se aprecia en la Ciudad Universitaria, para la cual realizó tres murales y un vitral para la Facultad de Arquitectura (1956) y Policromía para la Facultad de Farmacia (1959).

Entre 1955 y 1960 se concentra en la etapa de los Coloritmos, tablones verticales pintados al duco. Otero trabajó esta serie con pintura industrial aplicada con compresor y plantillas sobre láminas de fórmica, alejándose de esta manera de las calidades pictóricas para insistir en las puramente compositivas. En 1956, The Museum of Modern Art (Nueva York) adquiere el Coloritmo 1. Este año, Otero es incluido en la representación venezolana para la XXXVIII Bienal de Venecia. Los Coloritmos tendrán repercusión latinoamericana y le merecerán a Otero reconocimientos en Barranquilla (Colombia, 1957) y São Paulo (1959).

En 1958 obtuvo el Premio Nacional de Pintura en el XIX Salón Oficial con su Coloritmo 35. Comenta Alfredo Boulton: "En ese instante la pintura abstracta, la pintura no objetiva, queda no solamente reconocida oficialmente, lo cual ya había tenido lugar al participar en salones anteriores, sino que resultaba premiada como expresión de una de las principales corrientes de nuestro lenguaje plástico. Este hecho hubo de revolucionar el concepto estético del mensaje pictórico, dentro del pronunciamiento genérico de las diferentes tendencias que venían revisándose desde años atrás en Venezuela". Otero participa en 1959 en la V Bienal de São Paulo donde su serie Coloritmos queda consagrada.

En 1967 inició una nueva etapa con las obras tridimensionales. Hasta ese momento, las obras de Otero habían mantenido en su participación urbana una discreta fórmula bidimensional. Para el artista, "el estallido se produjo cuando el soporte plano se volvió insuficiente para contener ese espacio y expresarlo". Ese mismo año obtuvo la beca de la Fundación John Simon Guggenheim. Gracias a ella se incorporó al Centro de Estudios Visuales Avanzados del Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde continuó sus investigaciones sobre las esculturas cívicas y sus nexos con la realidad natural (luz, viento, clima) para crear, según Juan Carlos Palenzuela, "enormes volúmenes en acero inoxidable, de aparente fragilidad, transparentes, con aspas en direcciones opuestas, cuerpos con movimientos internos y externos, torres astrales para una comunicación aún no codificada. Esculturas que son ecos de luces y vientos". Durante su permanencia en el MIT participó en equipos multidisciplinarios que estudiaron y practicaron la relación entre arte y ciencia en el mundo contemporáneo.

En 1975 asistió como invitado especial a la XIII Bienal de São Paulo, donde presentó un audiovisual con películas, 1.000 diapositivas y 11 pantallas sobre sus investigaciones artísticas. El Estado venezolano donó, en 1976, la escultura Ala solar al Gobierno colombiano. Esta fue instalada frente al Centro de Administración Distrital en la avenida Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá.

Junto con Miguel Otero Silva y Manuel Espinoza, introdujo el proyecto de creación de la Galería de Arte Nacional, que inició sus actividades en 1976. En este mismo año realizó, en México, dos exposiciones individuales, oportunidad para la cual donó la obra Casa solar para ser colocada en la entrada del futuro Museo de Arte Contemporáneo Rufino Tamayo (Oaxaca de Juárez, México).

Con motivo del bicentenario de la independencia de Estados Unidos, el Gobierno venezolano ofreció a este país la escultura Delta solar. La donación fue aceptada por el Congreso de Estados Unidos. La obra se instaló, un año después, en el jardín oeste del National Air and Space Museum, en Washington, lo que significó un alto reconocimiento a la trayectoria del artista. Otero participó, en 1977, en el proyecto concebido por la Corporación Olivetti para rendir homenaje a Leonardo da Vinci y a un artista contemporáneo que resumiera algunas claves de la filosofía de la empresa, como la relación entre el espacio y los sueños de los hombres, la integración de la técnica con los elementos de la naturaleza. Esto le permitió presentar su Estructura solar, un paralelepípedo conformado por 54 aspas y más de 10 metros de altura. La obra fue instalada en el patio de honor del Castello Sforzesco en Milán, lugar donde Leonardo proyectó realizar un monumento ecuestre a Ludovico Sforza. En 1980 la obra fue colocada permanentemente en el Palacio Olivetti en Ivrea (Italia).

Representó a Venezuela en la XL Bienal de Venecia, celebrada en 1982. Allí se presentó con 13 obras de mediano tamaño, maquetas, 50 dibujos, diapositivas y dos estructuras: Abra solar y Aguja solar, las cuales fueron instaladas a la entrada de la sede de la Bienal y en el Lido de Venecia.

En los espacios del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas se realizó, en 1985, la más grande exposición retrospectiva de su obra. La muestra incluyó 763 piezas que abarcaban todas las etapas de su producción plástica. En 1986 instaló en la Plaza La Democracia en el Complejo Hidroeléctrico Raúl Leoni (Guri, Edo. Bolívar), la Torre solar, obra que, a juicio del artista, fue su obra más importante hasta ese momento. Se incorporó, en 1987, al Centro de Investigaciones IBM de Venezuela como investigador visitante. Allí experimentó con las posibilidades del diseño con computadora cuyos resultados fueron publicados, dos años más tarde en Alejandro Otero: Saludo al siglo XXI, libro que el artista dedicó como un tributo a los hombres de ciencia.

Alejandro Otero murió en Caracas el 13 de agosto de 1990.

(Versión de la entrada del artista en el Diccionario biográfico de las artes visuales en Venezuela. Fundación Galería de Arte Nacional: Caracas, 2005.)

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