domingo, 31 de octubre de 2010

Minimalismo

Donald Judd. Sin título, 1980. Tate Modern

El minimalismo es una corriente artística surgida en Nueva York, que tuvo especial protagonismo entre 1963 y 1965. En ella predominan las estructuras geométricas en apariencia simples, cuyas formas, usualmente de colores, sobresalen del muro y se integran en el espacio expositivo, ampliando las dimensiones sensibles del espectador.

El término fue acuñado por el filósofo Richard Wollheim en 1965, y la tendencia que describía no gozó de la total aceptación de los artistas adeptos a esta corriente porque podía asociarse a un arte simplista o sin contenido. Parte de la crítica y el público también lo encontró demasiado frío y, en general, alejado de lo que podía considerarse arte en ese momento. No obstante, la ampliación de las fronteras del arte luego de la segunda mitad del siglo XX hizo posible encontrar experiencias estéticas trascendentes en la manera diáfana y sin ambigüedades de tratar los  materiales  y disponer las formas geométricas. Pero lo que atrajo poderosamente la atención era la intervención que sobre el espacio ejercían estas obras, las cuales, lejos de catalogarse únicamente como pinturas o esculturas, justificaban la denominación de objetos específicos empleada por Donald Judd, uno de sus más destacados cultores.

Entre las fuentes del minimalismo se encuentran los constructivistas y los suprematistas rusos. Desde un punto de vista filosófico, ha sido también vinculado con el estructuralismo. Uno de los referentes más importantes fue el Cuadrado negro (h. 1915) de Kasimir Malevich, una pintura que resumía las aspiraciones de formas alejadas claramente de lo utilitario y lo representativo. Entre sus principales adeptos, quienes nunca formaron grupo o movimiento organizado, figuran Donald Judd, Robert Morris, Dan Flavin y Carl Andre.