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Carlos González Bogen

Sin título, 1959. Galería de Arte Nacional, Caracas

A finales de la década del cuarenta, los jóvenes artistas venezolanos orientaban sus lenguajes a una realidad que en su país y en el mundo estaba en una fase significativa de cambios. Estos son los años en que Carlos González Bogen (Upata, Venezuela, 1920-El Tigre, Venezuela, 1992) obtiene el Premio Nacional de Artes Plásticas, una recompensa que le permitió una estadía en Francia por tres meses que se convirtieron en pocos más de dos años. Ese primer contacto con el ambiente artístico e intelectual de París, y con el que se estaba desarrollando entre los demás latinoamericanos que se encontraban allí, produjo en la obra de Bogen el viraje hacia la abstracción.

Abstracto —Azul—, 1949

Bogen: entre la abstracción y la figuración

En Francia, Bogen se orienta por una abstracción de tipo sensible que explora las formas a partir de la construcción sinuosa de la línea, el tono reservado de las armonías cromáticas y el carácter expresivo de la pincelada. En la década del cincuenta, se aleja del esquema de la pintura tradicional y comienza una obra tridimensional cuyo tratamiento espacial avizora la integración con la arquitectura. Ante la conflictiva situación política de los sesenta en Venezuela, Bogen retorna a una figuración para hacer una crítica social que incluye como tema de sus obras las luchas de los grupos insurgentes de izquierda.

Homenaje a Malevitch, 1953. Museum of Modern Art, Nueva York

Algunas de sus obras más importantes

En Abstracto —Azul— (1949) el motivo principal se construye a partir de la línea curva, creando una forma misteriosa que se desarrolla sobre un entramado geométrico que organiza el espacio y propone un juego dinámico a partir de las diagonales. En su período geométrico las composiciones se reajustan para reducir al máximo posible la interpretación asociativa del espectador, lo cual lo conduce a un catálogo de formas que aspira a disposiciones inéditas, como en Homenaje a Malevitch (1953, Colección Museum of Modern Art).

En la integración a la arquitectura, Bogen realizó importantes trabajos como los murales para el edificio Angloven (1954), la Biblioteca Central de la Universidad Central de Venezuela (1954) y la Torre La Castellana (1983), entre muchos otros.

Mural en la Biblioteca Central, 1954. Universidad Central de Venezuela
Foto: Luis Chacín/IAM Venezuela

En una pintura como La Victoria, de su etapa figurativa, Bogen coloca el presente convulso en la perspectiva histórica de la gesta independentista venezolana del siglo XIX, lo cual, además de proporcionar un soporte moral a la obra, permite también la comparecencia atemporal en el cuadro de los guerrilleros caídos y de los próceres de la emancipación. El mecanismo aumenta su interés en la medida que Bogen introduce —a manera de citas— escenas y disposiciones formales de obras de la pintura universal, como un caballo a lo Picasso o una Piedad o referencias a su biografía personal, como el retrato de su madre.

La Victoria —estudio—, 1969

Lo contemporáneo como arte social

El objetivo de Bogen, como muchos artistas de su generación, fue justificar la obra en los términos de su actualidad, permanencia y trascendencia. En el caso del arte abstracto geométrico estos valores se garantizaban en la medida de la integración de la obra con la arquitectura. Para la pintura figurativa de tema social, la búsqueda de permanencia no se detenía en el planteamiento plástico de gran calidad que caracteriza el trabajo de Bogen, sino que a través de él aspiraba a una reacción ética por parte del espectador. Su obra vista en panorámica plantea la revisión del papel del arte en relación con el contexto en que se produce, por lo que su preocupación por lo contemporáneo tiene un marcado sentido social que se sobrepone a la circunstancia de cualquier tendencia artística dominante.

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